La enfermedad congénita pulmonar en niños incluye un grupo de afecciones presentes desde el nacimiento que afectan la formación y función de los pulmones. Estas alteraciones pueden variar desde quistes pequeños hasta problemas que comprometen la respiración. Muchas de estas condiciones se detectan en los primeros meses de vida, aunque algunas aparecen más tarde cuando el niño presenta infecciones o dificultad para respirar.
¿Qué son las enfermedades congénitas pulmonares?
Son trastornos en el desarrollo del tejido pulmonar o de las vías respiratorias. Surgen durante el embarazo, cuando los pulmones del bebé aún se están formando. Algunas de las más comunes son:
- Malformación Adenomatoide Quística Congénita (MAQC)
- Secuestro pulmonar
- Enfisema lobar congénito
- Bronquiectasias congénitas
- Quistes pulmonares congénitos
Cada una presenta características distintas, pero todas pueden afectar la entrada y salida de aire, o la calidad del tejido pulmonar.
Síntomas frecuentes
Los síntomas dependen del tipo y tamaño de la malformación. Los más comunes son:
- Respiración rápida o agitada
- Tos constante
- Infecciones pulmonares repetidas
- Silbidos al respirar
- Dificultad para alimentarse
- Cianosis (coloración azulada en labios o piel)
Algunos niños no muestran síntomas al nacer y los desarrollan más adelante por el crecimiento de los quistes o compresión del pulmón sano.
¿Cómo se diagnostican?
El diagnóstico de las enfermedades congénitas pulmonares puede realizarse antes o después del nacimiento:
- Ecografía prenatal, cuando se identifica la malformación en el embarazo.
- Tomografía de tórax, para estudiar la estructura pulmonar con precisión.
- Radiografía, para evaluar el tamaño y posición de los pulmones.
- Resonancia magnética, en casos complejos o cuando se requiere mayor detalle.
Un diagnóstico temprano permite planificar el tratamiento y reducir riesgos.
Tratamientos disponibles
El tratamiento depende del tipo de malformación y de los síntomas del niño. Las opciones más comunes incluyen:
- Observación médica cuando la lesión es pequeña y no causa síntomas.
- Cirugía para retirar quistes, lóbulos afectados o zonas que comprometen la respiración.
- Tratamiento de infecciones con antibióticos en casos repetitivos.
- Cuidados respiratorios para mejorar la función pulmonar.
La mayoría de los niños operados a tiempo tiene una recuperación favorable y puede llevar una vida normal.
¿Cuándo acudir al especialista?
Los padres deben buscar atención inmediata si el niño presenta dificultad para respirar, resfriados frecuentes, fatiga al alimentarse o coloración azulada. La evaluación temprana evita complicaciones y mejora la calidad de vida.