Respirar aire contaminado desde los primeros años de vida incrementa de manera significativa el riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias en la adultez. La exposición temprana a contaminantes ambientales afecta el desarrollo pulmonar y vuelve más vulnerable al sistema respiratorio a lo largo del tiempo.
La contaminación ambiental está compuesta por partículas tóxicas presentes en el aire exterior. Entre las más dañinas se encuentran el monóxido de carbono, el dióxido de sulfuro, el dióxido de nitrógeno y los metales pesados relacionados con la actividad minera. Estos contaminantes ingresan al organismo a través de la respiración y, con el paso del tiempo, generan inflamación crónica y daño en los pulmones.
Los niños expuestos a estos contaminantes pueden presentar más adelante asma bronquial, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), cáncer de pulmón o enfermedades cardíacas isquémicas. Además, la contaminación ambiental no solo afecta a los más pequeños. También existen grupos especialmente vulnerables como las amas de casa, mujeres embarazadas, adultos mayores y trabajadores expuestos a actividades de riesgo, entre ellos mineros y choferes de transporte público.
Por ello, la prevención juega un papel fundamental. En primer lugar, los trabajadores expuestos deben usar equipos de protección adecuados para reducir el ingreso de partículas contaminantes. Asimismo, se recomienda mantener una alimentación saludable, evitar el consumo de tabaco, no quemar basura o plásticos y asistir a evaluaciones médicas periódicas para detectar cualquier afectación pulmonar a tiempo.
Asimismo, la vacunación contra la influenza es una medida clave para disminuir complicaciones respiratorias en personas vulnerables. Proteger la salud pulmonar desde la infancia contribuye a un crecimiento adecuado y reduce el riesgo de enfermedades respiratorias crónicas en la vida adulta.
Fuente: Ministerio de Salud